Seis años de cárcel para las acusadas de la muerte del niño encontrado en la basura en Valencia

Las dos cuidadoras del menor de tres años aceptan las penas por maltrato, profanación de cadáveres y homicidio imprudente


Las dos mujeres que arrojaron el cadáver de un niño de tres años a un contenedor de basura tras su muerte en extrañas circunstancias en Valencia, Vanessa R. V. y Pura Ángela M., aceptaron ayer cumplir seis años, un mes y 15 días de prisión por los delitos de maltrato habitual, homicidio imprudente y profanación de cadáveres. Por hacer creer a la policía que un hombre había raptado al pequeño que tenían a su cargo (simulación de delito), fueron condenadas a una multa de más de 1.000 euros. En un principio, el ministerio público reclamaba una pena de ocho años y cinco meses de cárcel.

La conformidad –acuerdo entre la acusación y la defensa– fue ratificada ayer en el juzgado de lo Penal número 6 de Valencia. El fallo también recoge una indemnización de 75.000 euros para la madre de Johan por el daño moral que le causaron.


Las penas de cárcel se sustituirán por la expulsión. Las dos condenadas, Vanessa y Pura Ángela, son naturales de Bolivia. No obstante, al ser la pena superior a los seis años, deberán ingresar en una prisión española. Una vez alcancen el tercer grado será cuando se ejecute la deportación.


El caso de Johan David conmocionó a la sociedad valenciana. La madre del menor emigró a Francia en busca de trabajo y dejó a su hijo al cuidado de dos amigas. Esto ocurrió a principios de 2012. Fue entonces cuando la víctima comenzó a padecer un auténtico calvario. «Golpearon al niño valiéndose tanto de prendas textiles mojadas como de algún cinturón». Lo colocaban frente a una pared, de rodillas y con los brazos levantados, hasta que el pequeño comunicaba su cansancio, según se recoge en el escrito de calificación de la fiscalía.


Un golpe en el domicilio


El niño murió tras recibir un golpe en su domicilio de Valencia. La investigación no ha podido determinar las circunstancias en las que se produjo ese traumatismo. La fiscalía acusaba a las dos mujeres de homicidio imprudente porque no vigilaron al menor que tenían a su cuidado pese a su carácter inquieto.


Lejos de avisar a los servicios médicos, las dos cuidadoras decidieron arrojar el cadáver a un contenedor de basura. El cuerpo estaba envuelto en una bolsa de basura que consiguieron en un comercio cercano. Al día siguiente acudieron a la comisaría de Patraix y denunciaron su desaparición. Aseguraron que un hombre, que se presentó como agente de policía, se había llevado al pequeño en un coche. No tardaron en descubrir la mentira de las dos mujeres, que incluso colaboraron activamente en la búsqueda del menor.


El cuerpo de Johan David fue trasladado desde el contenedor a una planta de basuras en Quart de Poblet y de esta instalación al depósito de Siete Aguas. Tras una exhaustiva búsqueda, la policía encontró los restos humanos entre toneladas de desechos.


El cadáver presentaba diferentes lesiones causadas por la maquinaria que trata la basura para clasificarla y someterla a procesos de reciclaje. Este hecho también contribuyó a que resultara imposible determinar con certeza las causas del fallecimiento.

Fuente: Lasprovincias


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