Con este invento pueden evitar que 300 millones de niños en extrema pobreza padezcan enfermedades por caminar descalzos

El ingenioso zapato puede aumentar cinco tallas en cinco años


Ni un niño descalzo. Es el objetivo de Kenton Lee desde 2008, cuando pensó en crear unos zapatos que crecieran y se ajustaran a los pies de los pequeños. Según las estadísticas, 300 millones de niños en condiciones de extrema pobreza padecen enfermedades por caminar con los pies desnudos. Esta cifra no le intimida: "Queremos tener esta actitud. Cada uno es importante y vamos a hacer todo lo posible para llevarles un par de zapatos", dice el joven a Crónica desde su residencia en Nampa (Idaho).


De momento, 3.100 niños llevan un par de The shoe that grows -el zapato que crece-, como se denomina al modelo, que se ajusta cinco tallas para que sirva cinco años y del que sólo hay dos números, pequeño o grande, hasta aproximadamente 12 años; en julio, estarán listos otros 5.000.

Su reciente paternidad -tiene un bebé de un año- ha motivado más a Lee para ayudar a los niños más pobres. "Darles la oportunidad de salir adelante y estar sanos es una meta", proclama. A diferencia de otros proyectos y fundaciones que donan zapatos, estos tienen la peculiaridad de que sirven a los niños durante años y eso que de pequeños es cuando más rápido crecen.


Como muchos universitarios estadounidenses, cuando Kenton Lee acabó la carrera decidió viajar un año por el mundo. Estuvo en Quito (Ecuador) y en Nairobi (Kenia). En esta ciudad, vivía y trabajaba en un orfanato con 140 niños cuyas familias se había llevado el sida. Allí observó que muchos no llevaban zapatos y los que sí lo hacían, los tenían pequeños. "El calzado fue donado hace más de un año, no hemos recibido ningún envío nuevo y no tenemos dinero para comprar nuevos", le respondió el director del centro al preguntar por los minizapatos.

Ahí se encendió la chispa con la que volvió a Idaho y que no prendió tan fácil como deseaba. Procedente de una escuela de negocios y sin conocimientos sobre el sector del calzado, Lee empezó a tocar puertas para ver quién podía ayudarle a desarrollar su proyecto. "Probé con Nike, Reebok, Adidas, pero no les interesó", recuerda pocos días después de haber recaudado más de 100.000 dólares vía crowdfunding para completar el pedido de 5.000 unidades de julio. "Y también para el próximo", resalta con satisfacción al haber duplicado la cantidad pensada gracias a unas 2.700 personas.


Después de mucho buscar y comentar su idea, entró en contacto con Proof of Concept, una empresa de Portland (Oregón) dirigida por un ex directivo de Nike, Gary Pitman, que puso al servicio de esta causa -de "compasión práctica", dice el fundador- su experiencia de casi tres décadas en el sector.


Durante varios meses, Pitman trabajó en el desarrollo del "zapato que crece" con una impresora en 3D y moldes hasta lograr un producto que se expande de tres maneras: unos automáticos permiten que ajuste a lo ancho; una hebilla ayuda a llevar el talón correctamente sujeto; y un broche en la parte superior hace que la suela se extienda a medida que el pie crece. Los materiales son básicamente cuero y goma. "Fue muy emocionante ver a esos niños corriendo y jugando con los zapatos en los vídeos que Kenton grabó y nos envió", explicó Pitman a la cadena FOX en Oregón.



La aportación de Pitman fue clave para el desarrollo del prototipo y la fabricación de los primeros 100 pares de zapatos, que Lee y su esposa Nikki entregaron directamente en Nairobi el verano de 2013. "La reacción fue muy buena y empezamos a trabajar en el primer pedido de 3.000 unidades", explica el joven que no se ve así mismo como un emprendedor. "Sólo tuve una idea y quise hacerla realidad" insiste destacando el apoyo del equipo de dirección -cuatro personas de su ciudad- y de los voluntarios que en los últimos meses ha crecido.


Los "zapatos que crecen" se fabrican en China, en una empresa de un estadounidense de Seattle con la que el equipo de Proof of Concept tenía relación. A partir de 100 pares, el coste es de 12 dólares. Lee explica que la gente se involucra en el proyecto de dos formas. "Aquellos que viajan compran los pares que quieren llevar consigo y lo que no, pueden donar un mínimo de 10 dólares por un par y decidir qué organización quiere que se encargue de llevarlos". Los petates de 50 unidades se van rellenando para cinco organizaciones -la mayoría religiosas-, en Ecuador, Haití, Ghana, Kenia y Hands of Hope, que trabaja alrededor del mundo.


Pero el ideólogo de estos "zapatos mágicos" quiere ir más allá y lograr que otras ideas se hagan realidad en Because International, la empresa sin ánimo de lucro que creó en 2009 para canalizar The shoe that grows. "Queremos hacer una 'mejor mosquitera'", apunta Lee, sobre su idea contra la malaria.


Aunque no sabe lo que le deparará el futuro, Lee parece haber encontrado el equilibrio entre el mundo de las ideas y el de la realidad tras su viaje a Nairobi. El zapato que crece está ya donde más se necesita. De pequeño quería ser pastor de su iglesia y a sus 30 años lo es, a tiempo parcial, en su Nampa natal.

Fuente: ElMundo

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