Orlando Ortega: «No he venido aquí a robarle el trabajo a los españoles»

Es el atleta nacional más rápido del mundo este año en los 110 metros vallas y vive en Ontinyent desde hace un año.

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Ya ha aprendido a decir «Com va?» y que en Ontinyent algunos se llaman «pitxurro». Llegó allí de rebote. Desertó de Cuba en 2013 y tras pasar por Guadalajara, refugio de atletas cubanos, recaló en este pueblo de la Vall d’Albaida porque Alexis Sánchez, el entrenador instalado en Madrid, le pidió al expresidente de la federación valenciana Vicente Revert que le echara un cable. El Consejo de Ministros aprobó su nacionalización por Carta de Naturaleza el 24 de julio y Orlando Ortega (Artemisa, 24 años), el atleta más rápido del orbe este año en los 110 metros vallas (12.94), ya sueña con ir a por una medalla para España en los Juegos de Río.

-¿Cómo fue el proceso hasta desertar de Cuba?

-No fue una decisión que tuviera que pensar mucho. Un día me levanté y lo decidí. Tras el problema que tuve con la Federación de Atletismo (por no ir a una competición fue sancionado), que no con Cuba, decidí coger otro camino. Llegué a Moscú (Mundial de 2013) y no pasé de las series. Entonces me vine a España. Me fui a casa de unos amigos a Guadalajara. Luego conocí a Vicente y fiché por el club en Ontinyent.


-Usted pide la nacionalidad por Carta de Naturaleza.

-No me esperaba que llegara tan rápido y estoy muy feliz. Había acabado de correr en Londres, en la Diamond League, y al llegar al hotel empezaron a llegar mensajes y más mensajes. Vicente Revert me dice que ya está. Fue impresionante.


-¿Cuándo jurará la Constitución?

-Espero que pronto. En mi mente estaba correr en Zúrich (3 de septiembre), que es la final de la Diamond League, ya como español. Era mi ilusión. No sé si llegaré a tiempo, no tengo más información de cuándo llegarán los documentos que faltan. (Ni siquiera ha recibido la notificación de la nacionalización).


-¿El paso de ser bueno a ser muy bueno coincide con pasar de ocho a siete apoyos antes de la primera valla?

-Yo no me considero muy bueno (Se ríe).

-Sólo hay nueve personas en la historia de los 110 m vallas por delante de usted.

-Quisiera ser yo el número uno y no tener a nadie por delante. Pero no, yo no me considero un atleta perfecto y me quedan muchas cosas por pulir. El cambio de ocho a siete pasos vino en los Panamericanos. Salí tan rápido de tacos hacia la primera valla que me la comía. Nos dimos cuenta de que teníamos la potencia y la velocidad para dar siete pasos. Y en la preparación para Londres 2012 cambié. Pero aún tengo que pulir. Yo siempre quiero mejorar.



-¿Cómo fue el día que bajó de los trece segundos?

-Guau. En París, el 4 de julio. Increíble. No me lo esperaba. No me gustó mi carrera, pero estaba feliz. Me senté y me dije: «Joder, que bajé de 13 segundos». No busco los tiempos, me preocupo más por la técnica, por la estructura de carrera. Pero cuando vi el tiempo, casi que ni lo celebré porque sabía que podía haber sido mucho mejor porque no corrí bien. Quiero más. Pero orgulloso de esos 12.94.

-¿Los 12.80 [récord mundial de Aries Merritt] quedan muy lejos?

-Ahora no está lejos, está ahí. Una milésima en una valla. Literalmente no está cerca. Solo es correr y hacer las cosas bien. No me preocupo por ello, aunque todos los atletas sueñan por el récord del mundo y yo también. Pero no es una obsesión.

-¿Se le han hecho largos y duros estos dos años de espera?

-Realmente sí. Son decisiones que hay que tomar. Han sido largos y duros pero no difíciles. Estoy orgulloso y no me arrepiento de nada.


-¿Se quedará a vivir en Ontinyent?

-Me encanta este pueblo, es muy tranquilo, como a mí me gusta, y se vive un ambiente de felicidad. Voy a vivir en España, pero aún no sé dónde. Conozco Guadalajara, pero también Alicante, Benidorm, Valencia... Aún no tengo claro mi proyecto de vida a partir de ahora.

-Usted nació en Artemisa.

-(Se le ilumina la cara). Sí, Artemisa, un pueblecito. Estoy muy orgulloso de haber nacido allí. Casi no puedo salir a la calle. Es una locura. Vengo de una familia de deportistas y nos conocen desde hace tiempo. Es lo que más extraño: mi gente, mi pueblo y las amistades.


El atletismo en su ADN

Orlando lleva el atletismo en su ADN. Su abuela Cristina fue una velocista que llegó a ir a los Juegos de México en 1968 en 4x100 y ganó los Panamericanos. Su recuerdo está tatuado en un bíceps: los aros olímpicos y el nombre de Cristina. Su padre, también Orlando, como el abuelo, internacional en fútbol por Cuba, se centró en los 400 metros vallas.

-Una familia atlética. ¿Eso marca?

-Cuando era pequeño vivía casi todo el tiempo con mi abuela; ella me crió. Es lo mejor que he tenido en mi vida. Falleció cuando yo aún era un niño, pero vivo con la esperanza de alcanzar los logros que ella consiguió. Es mi patrón, mi guía, mi todo... Al princio yo practicaba taekwondo y boxeo. Hasta que mi abuela me cogió para que corriera con ella. Luego, de 12 a 16, entrené con mi padre. Y después ya me dfui a La Habana con el equipo nacional. En 2011 comencé a despuntar con el bronce en los Panamericanos.

Los titubeantes años como júnior acaban cuando cae en manos del profesor Antúnez, una leyenda del atletismo, entrenador de campeones del mundo júnior como Emilio Valle y Aliuska López, y dos grandes campeones olímpicos como Anier García (Sídney 2000) y Dayron Robles (Pekín 2008). El padre de la escuela cubana de vallas, un hombre que comenzó simplemente aprendiendo de los vídeos que encontraba de los vallistas estadounidenses y británicos, la técnica que luego, sabiamente, supo adaptar a la explosividad y el ritmo caribeños.

-¿Qué le dio Santiago Antúnez?

-A los 18 empecé con él, junto a Anier García, Dayron Robles y otros muy buenos. Una experiencia inolvidable. Sufría porque perdía siempre contra ellos, pero al mismo tiempo me obligaba a esforzarme más. Quería ser como ellos. Les observaba y aprendía. Todo es gracias a ellos.


-¿Tener a Dayron Robles siempre por delante fue un estímulo?

-Siempre ha sido una guía. Somos casi hermanos. Es mi amigo y mi compañero. Me dio muchos consejos y le estaré siempre agradecido. El atleta que más supo fijarse fui yo. Era como estudiar un libro. Intentaba hacerlo todo como él. La primera vez que pude correr contra él fue en Cuba y por supuesto me ganó.

-Hasta un día. La Habana, 2012, centenario de la IAAF...

-¡Allí le gané! ¡Y en La Habana! Ni yo mismo me lo creía. Corrí en 13.09 y le derroté. Estaba supercontento. Fuera de las pistas somos dos hermanos. Siempre en contacto a pesar de la distancia. Aunque dentro de la pista él me dijo un día: «Niche (como si fuera mi negro, mi hermano), dentro de la pista yo voy a arrancarte la cabeza. Porque si no lo hago me la arrancarás tú a mí».

Orlando Ortega es ligero como una pluma (76 kilos y 1,89 de altura) aunque pida tres sobres de azúcar con el cortado. «Con el café con leche son cuatro», añade entre risas en la terraza de un bar. Lleva un pendiente con forma de diamante en cada lóbulo y un colgante con un ancla. Del resto se ocupa Adidas.


-A principios de 2015 elige a su padre como entrenador.

-Estoy muy contento porque los resultados están saliendo. Él está viviendo en Cuba, pero lo mandaron a trabajar a Trinidad: lleva a los atletas y entrenadores de allí. Él no puede salir y como yo sí puedo voy a Trinidad de vez en cuando.


-¿Y su madre?

-Mi madre está en Estados Unidos. Lleva casi seis años en Florida.

-Usted es el mayor de cuatro hermanos, ¿no?

-Sí. Dos por parte de madre y dos por parte de padre. Yo cuando puedo voy a visitarles.

-¿Qué le dijo su madre cuando supo que dejaba Cuba?

-No quería preocuparla. Yo soy muy independediente. Me gusta tomar mis propias decisiones y coger mi camino. No sabía cómo decírselo. Al final la llamé y hablé con ella. Solo me dijo que lo pensara bien y que estuviera seguro. «Y si lo estás, adelante, sé que lo vas a hacer bien». Solo necesitaba eso. Saber su opinión. El sí fue decisivo.

-El ‘Diario de Cuba’ informaba estos días de que cuarenta cubanos habían desertado en Toronto durante los Panamericanos. «La noticia -decía- ya no es cuántos se marchan sino, más bien, cuántos regresan». ¿Por qué se van tantos?


-No lo sé. Cada cuál toma su decisión y yo me preocupo por mí.


-Niurka Montalvo siempre recordaba en las entrevistas los años sin poder pisar la isla, el dolor de no poder volver a la tierra madre.

-Claro, es lógico. Todo cubano que deserta piensa cuándo puede regresar. Aún no me he creado ese tormento de querer volver. Pero no quiero que sea una obsesión. El día que vuelva, bienvenido.

-¿Ganas de correr por España?

-Muchas. Ojalá sea ya pronto. Me hubiera gustado en el campeonato de España. Y ahora en Zúrich , en la final de la Diamond League. Ya estoy ansioso y desesperado por correr por España.


-¿A quién dedicará sus triunfos como español?

-Si ganara la Diamond League, primero que nada a mi abuela. Que esté donde esté espero que se sienta orgullosa. A mi familia, a mi gente, a Artemisa. Aquí, al club. A todos los que me han apoyado. No ha sido un año fácil.

-El pasado fin de semana los vallistas españoles presentaron una protesta formal ante la Federación por el elevado número de nacionalizaciones que se están produciendo. Solo en los 110 metros vallas: Jackson Quiñónez, Yidiel Contreras, usted.

-Vi la final. Me alegro por Yidiel: fue compañero mío muchos años. Solo puedo decir que yo no he venido aquí a robarle el puesto a nadie, ni a que pierdan más nivel. Al contrario. Mi objetivo es estar bien conmigo mismo, darle las gracias a España por la oportunidad que me ha dado y darle muchos los títulos.


-¿Qué les diría?

-Que solo he venido a mejorar el nivel de España. Les mando un mensaje: no preocuparos por otros atletas, preocuparos por entrenar por vuestros objetivos. Creo que Javier López y Javier y Colomo pueden mejorar y hacerlo muy bien. En Cuba tuve que correr contra los mejores y siempre perdía. Me di cuenta de que para ser el mejor tienes que correr contra los mejores. El que quiera tener una experiencia conmigo, conversar, entrenar, yo estoy dispuesto. No le doy la espalda a nadie, ni me creo más alto que nadie. Soy una persona normal. No vengo a robarle el trabajo a nadie. Creo que ellos deberían concentrarse en mejorar sus entrenamientos antes que preocuparse por mí. Me encantaría conocerlos y creo que puede haber hasta cuatro por debajo de 13.50.

-Ha dicho que quiere disputar el próximo invierno el Mundial ‘indoor’, pero no podrá hacerlo hasta que pase un año desde su nacionalización.

-En teoría sí, pero todo depende de España, que debe preguntarle a la IAAF. Mi idea es prepararlo, pero depende de la Federación.


-Si no puede, después de tantos años, desde el verano de 2013 sin poder competir, ¿le preocupa ser víctima de la ansiedad en Río?

-Para nada. Esas ganas son los que me dan más fuerza y motivación. Sé que puedo hacer algo grande. Me encanta sentir ese deseo dentro de mí.

El más rápido del año no va a estar en el Mundial. ¿Qué siente?

Ahora me siento superbien. Sabía que no podía participar y no era mi objetivo. No me puede afectar. Queda mucho por delante. Es una medalla más que se va. No estoy preocupado. Me da más fuerzas. Perdí una final y hay que buscar la siguiente.


Fuente: Las Provincias

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