Consuelo Cruz, primera candidata latinoamericana al Congreso de España

Nacida en Santiago de Cali (Colombia), donde estudió Derecho y Ciencias Políticas, mientras trabajaba y colaboraba en proyectos sociales, la número 18 de la lista del PSOE al Congreso por Madrid llegó a España en 2003

Comparte


"Soy mujer, negra e inmigrante”. Todas las papeletas para ser objeto de discriminación, dice. Aunque necesitará emplearla muchas veces, esta será la única ocasión durante la conversación en la que Consuelo Cruz use la palabra negra. Si por ella fuese, hasta la noche sería afroamericana.

 

Activista por la igualdad de los derechos de las mujeres, los inmigrantes y las minorías, esta española de origen colombiano, de 52 años, ocupa el puesto número 18 de la lista del PSOE al Congreso por Madrid y se ha convertido en la primera candidata latinoamericana en optar a un escaño.

 

Consuelo llegó a España en 2003, todavía sin tener muy claro si el asunto iba o no para largo. “España no era una opción para mí. Vine aquí pensando que regresaría a Colombia”. Pero Consuelo Cruz no volvió. Nacida en Santiago de Cali, en el sur del Valle del Cauca, creció y se formó en la ciudad colombiana con mayor población negra de su país y la segunda en América Latina después de Bahía, en Brasil.

 


 

"Colombia es una sociedad muy racista. Hay mucha discriminación en mi país y eso que hay un 26% de población afroamericana. A pesar de eso, estamos absolutamente invisibilizados.

 

Desde muy niña aprendí la diferencia, porque me lo hicieron saber: eres negra. De ahí mi lucha. Además del racismo explícito hay un racismo subyacente. Y por eso, desde muy joven, comencé a trabajar con grupos de mujeres afroamericanas”.

 

La menor de cuatro hermanas de una familia humilde, Consuelo reconoce haber recibido de sus padres la mejor educación en valores. "Mi padre apenas había terminado la primaria y mi madre era una iletrada, pero de los dos aprendí valores esenciales. Mi padre me enseñó la lealtad a uno mismo y mi madre el valor del trabajo. Por eso me comprometí con aquello que creía”.

 

Así, mientras estudiaba Derecho y Ciencias Políticas, Consuelo Cruz comenzó su trabajo en proyectos sociales con “grupos organizados de mujeres afroamericanas".

 

Sobre "empoderamiento femenino y colectivos migrantes" fueron sus primeras conferencias en España; casi todas en Madrid. “Fue entonces cuando tuve la suerte de conseguirme con Pedro", se refiere al fallecido Pedro Zerolo, el político socialista miembro de la Ejecutiva del PSOE y secretario de Movimientos Sociales, el hombre que impulsó con más fuerza las reivindicaciones por los derechos de los homosexuales.

 

Zerolo fue su mentor, su amigo y hasta el juez que la casó con su actual marido. Escucharla hablar de él tiene algo de melancolía y, acaso, de exceso. “Empecé con el mejor. La relación de amistad y trabajo fue intensa. Yo vengo de un país donde la política se hace a pie de calle y con Pedro era así: recorríamos espacios, calles, hablábamos con los colectivos”, dice.

 

Madre de dos hijas de un primer matrimonio y dueña de un carácter de armas tomar –según ella misma se encarga de aclarar-, Consuelo Cruz no sólo trabajó junto al político socialista sino que tomó las riendas del Grupo Federal Afrosocialista y comenzó a militar en el PSOE, partido en el que lleva ya diez años.

 

Sobre su adaptación, sobre lo que supone un cambio de vida y perspectiva, Consuelo Cruz guarda algunas anécdotas, pero elige sólo una para contar. Recién llegada a Madrid, Consuelo solía cruzar la misma calle todos los días para ir al metro; todos los días, al verla pasar, un hombre la saludaba con una palabra: “guapa”. Pensaba Consuelo –por aquello de que el castellano es distinto en Colombia que en España- que el desconocido se refería a su talante resuelto, valiente y bien plantado.

 

 

Pero fueron sus compañeras de trabajo quienes la sacaron del error. “Consuelo, en realidad te está llamando bonita”. Al día siguiente, Consuelo Cruz volvió a pasar por la misma acera y el hombre volvió a pronunciar la misma palabra: “guapa”. Halagada por el piropo, ella dio las gracias. “¿Cuánto cobras?, respondió él.

 

 

A Consuelo Cruz si no la atajas, te da un mitin, aunque le estés preguntando por el tiempo. Pero en este caso, la candidata socialista habla con pausa, como si redondeara cada palabra para no herir con ella a nadie. “Yo no digo que España sea racista, porque es un país y los países no son racistas. Lo que existen son connotaciones, estereotipos. Esa es mi lucha. Luchar contra los estereotipos es lo que estamos intentando”.

 

Para una mujer tan militante como ella, resuelta curioso que haya decidido permanecer en España, cuando en muchas otras zonas del mundo el racismo se manifiesta de maneras mucho más urgentes y preocupantes. “No sé. Yo ahora estoy aquí, pero lucho por quienes me necesitan. Mañana podré estar en África… o en otro lugar. No me gusta adelantarme al futuro”. 

 

 

La voz de militante de Consuelo Cruz no desaparece ni siquiera para hablar de lo mundano, lo blandorro, lo que no pretende nada loable o épico. Hay que insistir para obtener una respuesta. A ella le gusta leer, pero ahora lo hace muy poco. Está ocupadísima escribiendo su propio libro. “Tiene que ser algo muy personal, muy mío”. Y ya después de insistir, unas cuantas veces más, responde.

 

-¿Pero no hay nada excepto militar que le haga feliz, que le guste?

 

- Bueno sí –dice, al fin, riéndose- ¡Me encanta la salsa!

 

 

Acaso porque los casi treinta minutos han sido demasiado sesudos y comprometidos, al decir salsa, salta la risa en ella y quien la escucha. Tampoco es que la baila todos los días, aclara, pero cuando lo consigue se aplica, aunque sus hijas la llamen “patosa”, dice Consuelo Cruz con ese acento raro de quienes van quedándose, en el lenguaje, en los modos y las formas de hacer…

 

 

-¿Sabe que cuando vino hace poco el presidente de mi país –está claro que se refiere a Colombia y por tanto a Juan Manuel Santos- me preguntó si volvería a Colombia?

 

 

-Y usted, ¿qué le respondió?

 

 

-Lo mismo que a usted. Que a mí no me gustaba forzar las cosas. Y que ya veríamos. Mi lucha de momento está aquí.

 

 

El efecto acondicionador del chiste y la levedad ha durado poco, se ha disuelto en el desagüe de la entrevista que ya no da más. Consuelo Cruz ha vuelto a vestirse con la voz de las ocasiones solemnes, que -en su caso- parecen todas. Casi todas.

 

Fuente: VoxPópuli

Comparte este articulo.


Comentarios:

Escribir comentario

Comentarios: 0