Contratan a suramericanos por ser mas rápidos que las máquinas de sembrado

Agricultores de media España contratan a sudamericanos residentes en Lorca por su habilidad para sembrar hortalizas

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Verlos trabajar es todo un espectáculo. Llevan un ritmo frenético y ajustado; sin precipitarse, pero de una rapidez inusitada. Nos quedamos admirándolos mientras plantaban cebollino en una finca de Lliria, como mañana pueden estar en Almería, en Córdoba o vete a saber, porque los buscan de media España.

 

Son sudamericanos, bolivianos sobre todo, también peruanos, y viven desde hace años en Lorca, donde se pusieron a trabajar con las hortalizas y acabaron especializándose en plantarlas. Tanto, que su eficacia llega a ser mayor que la de las máquinas que ya existen desde hace tiempo para realizar el mismo trabajo. De ahí que les llamen cariñosamente máquinas humanas. Porque realmente es que así lo parecen, y ellos tienen a gala enorgullecerse de lo eficaces que resultan.

 

 

Viajan en dos grandes furgones, hasta nueve en cada vehículo, y si las exigencias de plantaciones más grandes así lo requieren, pueden ser más. La mayor parte de los integrantes del grupo son varones, quienes se encargan de la plantación en sí, mientras que las mujeres, por lo general, se ocupan más de ir reponiendo las bandejas de planteles, para que no pare nadie. Mientras se trabaja no hay respiro, están centrados en lo que hacen y no se entretienen. Si les preguntas te responden, se explican, pero sobre la marcha, sin detenerse.

Cada uno de los plantadores lleva dos bandejas de plantel colgadas sobre el hombro: una delante y otra a la espalda. De la de delante van cogiendo cada cebollino y lo dejan caer en el tubo que acaba en un embudo articulado, que se acciona manualmente y es la herramienta con la que efectúan la plantación. La faena requiere sincronización. Una mano coge y deja caer el cebollino; la otra clava el embudo sobre la tierra suelta del surco, aprieta el gatillo que abre la punta, suelta, saca, vuelve a dejar otro cebollino y así sucesivamente, sin equivocarse.


 

No falla, toda la secuencia dura un segundo, y se repite por miles y miles. Cuando la bandeja de delante se agota le dan un vaivén y la giran a la espalda, colocando delante la que llevaban atrás. Las reponedoras cambiarán enseguida las vacías.

En cada bandeja van novecientos y pico cebollinos y suelen plantar entre tres y cuatro bandejas por hora. Una hora tiene 3.600 segundos. Es decir, más o menos a segundo por planta. No es extraño que se los rifen agricultores de muchas provincias españolas por su gran habilidad en plantar hortalizas. Cebollas, lechugas y lo que sea.

Bromeamos a cuenta de la comparación con las máquinas y responden con plena convicción que «nosotros andamos parejos con la máquina de plantar y en casos como éste le ganamos; la máquina sólo nos puede superar algo si el terreno es totalmente de arena, como pasa en la costa del sur de Murcia y en la zona lindante de Almería; entre Águilas y Pulpí, por ejemplo, pero si hay algo de piedra suelta, como pasa aquí, aunque sea pequeña, nosotros superamos el rendimiento de la máquina».

Como viven en Lorca, nos interesamos por cómo vivieron el terremoto de mayo de 2011. «No lo sufrimos en directo -explica uno-, porque estábamos varios días plantando cebollas en Ciudad Real; solo vimos lo que había pasado cuando regresamos, pero nos libramos de sentir los temblores y del pánico de aquellos momentos».

Ahora están en temporada alta, tienen muchos encargos porque se están plantando muchas hortalizas por todas partes, principalmente cebollas, porque los precios acompañan y los agricultores evolucionan rápidamente según fluctúa el mercado. Gran parte de la Huerta de Valencia se ha plantado de cebollas, casi como monocultivo en grandes áreas. Y también en zonas del Camp de Turia, donde se dejó bastante este cultivo. Se nota que acompañan las cotizaciones y la esperanza de que se mantengan en buen nivel.

 

Fuente: Las Provincias

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