El calvario de una argentina que tiene 30 años que pesa 400 kilos

Está postrada esperando que alguien la ayude. Quiere trasladarse a un hospital para un tratamiento integral. Pero no puede moverse. "Hace seis meses que no veo el sol".

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El cerebro de Isabella funciona a mil por hora. Sueña con caminar, con acariciar la brisa de la calle y con volver a vivir. Pero su cuerpo no responde. Sus 400 kilos le impiden la más mínima movilidad de la cintura para abajo. Cada pierna mide 1,20 metro de ancho. Casi no las siente. Hace seis meses que esta joven de 30 años está postrada en una cama rogando por una ayuda que no llega. Necesita que la trasladen a un hospital para un tratamiento integral. Ninguna ambulancia quiere llevarla. "Me están empujando a la muerte", le dice desesperada al diario Clarín.

Isabella Amaral vive en barrio Tablada, al sur de Rosario. El lugar es una triste metáfora de su asfixiante presente. Su casa está oculta entre calles y caminos angostos. La cortada que desemboca en su domicilio no tiene salida. "Estoy atrapada en esta habitación, hace seis meses que no veo el sol, que no puedo respirar el aire de afuera", cuenta afligida. "Solo pido que me trasladen a un hospital", suplica.

El calvario de Isabella empezó hace 6 años. Logró convivir con su gordura hasta el 2009, cuando falleció su padre. Por aquel entonces, pesaba 130 kilos. Estudiaba, trabajaba y le dedicaba muchas horas del día a la actividad física para "combatir la herencia familiar". "Siempre fui gorda. Abandoné la escuela por la discriminación que sufrí. Retomé los estudios de grande para poder ser alguien en esta vida. Eso hoy parece imposible", se lamenta.

La muerte de su papá desencadenó en una profunda depresión y en un irreversible retroceso en su estado de salud. Todo su sacrificio se esfumó en pocos meses. "Había logrado que me mandaran a la clínica del doctor Cormillot. Estuve cuatro meses con ellos y bajé mucho de peso. Hasta me llamaron del programa Cuestión de Peso, pero dije que no porque quería seguir enfocada en mi tratamiento".

La mujer no tiene obra social. Su cuadro está en manos de la salud pública de la provincia de Santa Fe. La última vez que se pesó fue en el mes de julio. La balanza marcó 342 kilos. A las pocas semanas, le salió un tumor en una de sus piernas. El nódulo creció de forma vertiginosa. El último médico que la revisó calculó que ese bulto supera los 60 kilos. Todos los exámenes fueron a ojo.

La ayuda del Estado llega a cuentagotas. Pero no alcanza. Tiene cuidadores permanentes, una nutricionista y un médico clínico a su disposición. "Todos vienen, firman, sacan fotos y se van. Pasan los meses y empeoro día a a día", señala.   

Su máximo deseo es que una ambulancia la traslade a un sanatorio. Quiere que le revisen el tumor y que algún cirujano le haga un bypass gástrico. La excusa es que no hay forma de trasladarla. "Están haciendo abandono de persona. Vamos a iniciar alguna acción legal", explica Marcos Cella, su abogado.

Isabella está convencida que no existe en el país un caso como el suyo. Dice que su peso es récord.  "Debo estar arriba de los 400, me estoy muriendo y nadie hace nada. No quiero dormirme porque tengo miedo de no despertar".

Fuente: Clarin

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