Tomatina 2016

Se trata de una de las fiestas más originales, coloridas, pegajosas, contagiosas y divertidas de España..........no se salva ni Lisa.....

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La Tomatina en Buñol (Valencia) se celebrará este Miércoles 31 de Agosto de 2016, participan miles personas para lanzarse más de 100.000 kilos de tomates. Esta celebración comienza muy temprano, cuando los comerciantes y propietarios de locales en torno a la Plaza se afanan por proteger puertas y ventanas antes de la gran batalla.

 

Esta fiesta es sin duda una de las citas del verano para los amantes de la diversión.

La noche anterior las calles de la ciudad se llenan de tomates mucho más apetecibles de lo que estarán al día siguiente. En la plaza hay paellas que se cocinan sobre fuegos de leña, hay fiesta hasta altas horas de la madrugada. 

 

El entusiasmo por la Tomatina traspasa fronteras, y el tomate, fruto apreciado y esencial en nuestra dieta mediterránea, se convierte en el protagonista y embajador de alegría y diversión.

 

 

 

 

A las 9 de la mañana empieza a acudir gente a la plaza. El Ayuntamiento reparte bollos a todo aquel que quiera tomar fuerzas antes del combate. La plaza se va llenando de vecinos y forasteros venidos de distintos países.

 

No hay tradición de traje típico, se ven pantalones cortos, camisetas hechas jirones, torsos desnudos, y hasta hay quien lleva gafas de buceo. En el centro de la plaza se levanta el “palojabon” o cucaña, un enorme palo untado con jabón al que hay que trepar para conseguir el premio colgado del extremo: un jamón.

 

La diversión está en ver trepar, resbalar, caer, volver a trepar por el palo a los más osados. Mientras, los vecinos tiran cubos de agua remojando al personal. De repente se oye gritar: “¡Tomate, tomate!”, señal de que alguien ha alcanzado el jamón y se pide seguir con la fiesta.

 

Por un camino que lleva a la plaza del pueblo y haciendo sonar con estruendo su bocina, aparece un camión lleno de tomates. Se para y deja caer los frutos al suelo. La única regla es estrujar los tomates antes de lanzarlos para que no hieran a nadie.

 

La gente se lanza sobre la apetitosa munición y los tomates vuelan. En pocos segundos los participantes se ven envueltos en una colorida lluvia vegetal. Uno tras otro cinco camiones van descargando su munición. El campo de batalla se convierte en un pantano de tomate triturado, la plaza, las fachadas, los guerreros, el aire se vuelve de color rojo. Con 150.000 kilos de munición, entre risas y diversión y a golpe de tomate se desarrolla esta batalla campal.

 

Entre los combatientes, australianos, japoneses, británicos, estadounidenses, indios, canadienses, todos teñidos de rojo, pegajosos, con pepitas hasta en los ojos, participan en la contienda más divertida de la historia. Un disparo anuncia el fin de tan insigne batalla.

 

Los valientes, agotados por la lucha, bajo una misma bandera, la del tomate, en una guerra sin vencedores ni vencidos, muertos de risa, van a lavarse a las mangueras que hay en las calles, a las fuentes del pueblo o a las charcas del rio.

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