Así frenó una comunidad indígena los planes de la empresa española Ecoener-Hidralia en Guatemala

La llegada de la empresa a Santa Cruz de Barillas en 2009 fue el inicio de casi una década de conflicto/Imagen: Pedro Armetre-Alianza por la Solidaridad

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"Ganamos, ganamos". La voz del defensor Rubén Herrera suena, al otro lado del teléfono, entre satisfecha y cansada. Este miembro de la comunidad de Santa Cruz de Barillas, al norte de Guatemala, es uno de los 21 líderes indígenas que han sido encarcelados en los últimos años por oponerse a un proyecto hidroeléctrico de la transnacional española Ecoener-Hidralia sobre el río Cambalam.

 

La historia de Rubén Herrera explica la historia del impacto de la gallega Ecoener-Hidralia sobre los pueblos mayas Q’anjob’al, Chuj, Akateko y Popti’ de Santa Cruz de Barillas; las consecuencias de ocho años de resistencia y una particularidad que hace que este caso sea paradigmático: el proyecto nunca se ha llegado a ejecutar. La comunidad ganó, pero no está todo hecho. 

 

La organizaciones Alianza por la Soidaridad, Amigos de la Tierra y Mujeres de Guatemala iniciaron hace ahora un año una  campaña que culminó el pasado 3 de noviembre con la entrega de 23.000 firmas al embajador de Guatemala en España, Fernando Molina Girón, para exigir la retirada definitiva de Ecoener-Hidralia del país. 

 

Unos días antes, Arturo Pablo Juan, miembro del Movimiento Social en Defensa de la Vida y los Bienes Naturales —encarcelado durante un año y cinco meses por su oposición al proyecto—, expuso los costes de la presencia de la empresa española ante el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. La reunión se enmarcaba en la segunda sesión del Grupo de Trabajo por un Tratado Vinculante sobre Transnacionales y Derechos Humanos. "Un tratado internacional e incluyente puede contribuir a la erradicación de estas injusticias", dijo.

 

Ecoener-Hidralia se estableció en Guatemala en 2008, a través de su empresa subsidiaria Hidro Santa Cruz, encargada de ejecutar el proyecto Cambalam I. Este consistía en el aprovechamiento de un salto natural de agua del río Cambalam, una cascada de 272 metros de altura ubicada en Santa Cruz de Barillas.

 

Ignoraban que la población mantiene una conexión especial con este lugar. "Esas cataratas son un centro cultural, allí se llevan a cabo ceremonias, Cambalam significa Tigre Dorado", explica Herrera. La empresa pretendía construir una pequeña central eléctrica con potencia de 4,96 megavatios, con una concesión de explotación para 50 años, señala un  informe de Alianza por la Solidaridad.

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